Park Yoochun había llegado al campo de football en compañía de sus mejores
amigos, Jung Yunho y Shim Changmin. A sus 22 años,
lucían como todos unos rompecorazones con aquellos uniformes, los cuales
resaltaban esos cuerpos atléticos y bien dotados. Aunque para ser honestos con
o sin la vestimenta, ellos simplemente eran tremendamente atractivos y con una gran personalidad, además de inteligentes. Por ese motivo, eran los más
populares de la universidad.
Ese día les tocaba entrenamiento, y siendo Yoochun el mariscal de campo,
siempre se dedicaba a dar su mayor esfuerzo en cada momento. Todo lo hacía para
que su equipo estuviera orgulloso de él, pero sobre todo, para impresionar a su
precioso novio, Kim Junsu. Un rubio precioso de curvas tentadoras y sonrisa
encantadora. Desde luego era de esperarse que el pelinegro en conjunto con sus
amigos, salieran con los chicos más hermosos de la escuela.
Junsu, al igual que Jaejoong y Donghae, eran parte del grupo de
porristas del colegio, el cual se distinguía por su maravillosa destreza y energía, pero en especial por la
belleza de cada jovencito que lo conformaba. Todos los miembros se encargaban
de animar al público y al equipo en cada partido con su energía, solidaridad,
entusiasmo y habilidades coreográficas.
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- ¡Chicos... ¿adivinen qué?!... - dijo Jae con alegría llegando a los
vestidores, donde Donghae y el rubio ya le esperaban. El castaño sostenía una
caja de buen tamaño, acomodándola en una de las bancas.
- ¿Qué pasa Jae?... - preguntó un adorable Donghae al verlo tan
contento, Junsu estaba a la expectativa.
- ¡Llegaron los uniformes nuevos! - respondió haciendo saltar de
felicidad a sus amigos y dejando a la vista un par de prendas.
- ¡¡Wow que lindos!!... - gritaron Hae y Junsu al unísono incorporándose
para tomarlos.
- Lo sé chicos, lo sé, yo elegí el color... - señaló Jae, admirando esas
falditas y tops en color rosa que en realidad eran escandalosamente diminutos -
quiero que los usemos hoy en el entrenamiento, para ver como se mueren de
envidia Yoona y su grupo de zorras al ver como los demás nos desean y nuestros
novios se rinden a nuestros pies, a los que nunca podrán tener - comentó
juguetonamente engreído.
- Por supuesto Jae, con esta ropita, ese ejército de anoréxicas
descerebradas se darán cuenta quienes son los más lindos y populares de la
universidad - le apoyó Junsu - no cabe duda de que luciremos perfectos -
disertó el pelirrubio con una gran sonrisa. Por el contrario de su amigo Donghae, su expresión había cambiado a una
de preocupación.
- Mh... no estoy seguro Susu... ya saben como es Minnie... - dijo
Donghae con algo de recelo, él conocía muy bien a su temperamental novio y estaba
seguro de que un atuendo así sólo provocaría una gran reprimenda.Y es que no era para menos, aquellos uniformes además de ser muy
bonitos, eran muuuuuuuy reveladores.
- ¡Aish!... Hae... no seas aguafiestas ¿sí?... - le regañó Jae - estoy
seguro que los chicos - sus novios - se volverán loquitos de deseo al vernos
con estos conjuntos, nos veremos bellísimos y sexys con ellos - aclaró el
castaño, totalmente convencido de que todo estaba a su favor.
- Sí Hae, Jae tiene tooooooooda la razón - dijo Junsu haciendo un
pucherito lleno de ternura - tan sólo
imagínate a Changmin, a Yoochun y a Yunho, babeando por nosotros mientras
movemos la cadera y el trasero sensualmente al ritmo de la música, al tiempo
que nuestros pompones y nuestras coquetas falditas se agitan dejando ver
nuestras esculturales piernas - el rubio continuó con su diálogo de persuasión
- sólo piensa en los mimos y los regalitos que van a darnos, serían... serían
como nuestros fieles y amorosos esclavos... mientras que los demás, se
convertirían en nuestros devotos admiradores - parecía que sus palabras estaban
funcionando al ver la cara de ilusión de Donghae.
Una enorme sonrisa y un
brillo soñador se reflejó en los rostros de los tres animadores.
Y sin más, la decisión ya estaba tomada.
- Muy bien... Jae, Junsu... ¡hagámoslo!... vengan esos uniformes - dijo Donghae, provocando que el castaño y el rubio se mirararan con aire triunfador.
Y así, entre risas, cada uno tomó su conjunto rosa para vestirse.
A decir verdad, las palabras de Junsu carecían de tintes realistas, pero a sus dulces 18 años, sólo se podía pensar en ser romántico, original y atrevido. Lo mismo que Jae y Donghae pensaban, no por nada eran los mejores amigos.
Lástima que sus novios no pensaban igual, pero de eso se darían cuenta muy pronto.